"La Campana de Huesca"
Cuando llamaron a Ramiro para que acompañara el cadaver de su hermano, Alfonso I, a su morada final, en el Monasterio de Montearagón, llevaba algunos algunos años ya de prior en el Monasterio de San Pedro el Viejo de Huesca.

Ramiro II (1134-1157), coaccionado por la nobleza y movido por la necesidad de pueblo, no solo aceptó el reino y comenzó a intitularse rey de Aragón, sino que, dispensado de sus votos monásticos contrajo matrimonio con Doña Inés de Poitiers , con el fin de tener descendencia, la cual, llegó a finales de 1135 cuando nacio una niña, llamada Petronila.
Esta niña estaba llamada a ser la solución a los problemas sucesorios que acechaban al reino de Aragón.
Se convino en que la niña Petronila se casaría con el niño Sancho, hijo del rey de Castilla Alfonso VII. De esta manera se volvía a intentar la unión de Aragón con Castilla, que había fracasado anteriormente con los ascendientes de estos dos infantes.
Tras estas maniobras, muchos de aquellos que habían ensalzado a Ramiro "el Monje" hasta elevarlo al trono, clamaban contra Él. Y lo malo es que todos poseían gran fuerza, solidos castillos y viejos títulos nobiliarios.
Incluso entre los conspiradores y enemigos del rey se encontraban un Obispo y un Abad. Y a la mayoría de ellos los tenía cerca, en su propio palacio.
Ramiro II sentía la presión de los "grandes" aragoneses, los cuales despectivamente le denominaban "rey cogulla". Pero estando en el trono, solo le quedaba luchar por la unidad aragonesa, la integridad y el bien de su pueblo.
No podía jamás dejar el reino en manos de la discola Nobleza o de las Órdenes Militares, a las que su hermano , el fallecido rey Alfonso I, se lo había dejado en herencia.
Tampoco podía consentir que el reino aragonés cayera en manos del rey de León, que aspiraba a toda costa, poseer Zaragoza.
Ramiro II no se manejaba bien en intrigas y por eso dudaba en aplicar ciertos métodos. Afirmaba que no bastaba con ser de recta intención, querer el bien y la justicia.
- "Hay que tener a punto la decisión salvadora"- le dijo un día a unos de sus consejeros , saberla improvisar en un segundo para ejecutarla al siguiente.
Y mientras el rey se paseaba, completamente solo, por el jardín y los pasillos de palacio, repitiendose una y otra vez - "¿Qué hacer, Señor, qué hacer?"-
Cierto día, el rey pensó en consultar al que años atrás había sido su maestro y director espiritual, el que ahora estaba de Abad en San Juan de la Peña.
- "Nadie como Él"- , afirmaba el rey, podrá darme un consejo apropiado para resolver la grave situación en que me encuentro.
Y una noche con gran sigilo, el monarca envió un mensajero de su confianza al Abad.
- "Explicale que traman algo contra mí varios señores principales, dile que neceito urgentemente su consejo. El Abada no te responderá porque la regla monástica les prohibe hablar. Sin embargo, Él se valdra de algun medio para indicarte lo que debo hacer".- Se afanaba el rey en explicarle a su enviado.
Horas después el mensajero se hallaba ante el Abad, un hombre alto, imponente en su hábito negro. Llevaba puesta la capucha y en su rostro destacaban su espesa barba y unos ojos negros e inquisitivos.
Cuando el emisario le explico el objeto de su visita, el Abad meditó un instante y luego le indicó con un gesto que le siguiera. Salieron a un huerto, en aquel momento amanecía y el aire de la mañana hacía ondear suavemente las maduras espigas de un sembrado proximo.
El Abad tomó una afilada hoz en su mano, y tras enseñarsela al mensajero, fue cortando todas las espigas que sobresalían. Sus tajos eran seguros, contundentes, pero suaves, sin ruido.
Tras terminar, miro fijamente al enviado real - "¡He Comprendido!"- afirmo el mensajero mirando las espigas decapitadas en el suelo.
A los pocos días se anunció que Ramiro II pretendía construir una campana enorme. Tanto que su sonido alcanzara desde el Pirineo al Ebro y del Sobrarbe a Navarra.
Mientras las gentes hacían cabalas sobre como sería posible construir una campana semejante, cierto día el rey hizo saber que ya estaba fundida y que se encontraba en una de las dependencias de palacio.
- "Espero a todos los nobles para mostrarsela"- dijo el rey sonriendo enigmaticamente.
Toda la nobleza, devorada por la curiosidad irrefrenable, acudió para ver aquella campana tan renombrada. Y el rey tras agasajarlos con una comida abundante y exquisita, les rogó que le siguieran a una espaciosa habitación del palacio.
Cuando los nobles vieron lo que allí había quedaron en silencio, consternados. Alguno hubo que no pudo reprimir un grito de espanto.
No era para menos, en el centro de la estancia había quince cabezas de hombre, puestas en circulo, en el suelo.
- "¿Que os parece la campana"?- Preguntó el rey... - "Y esto es el badajo"- , señalando una cuerda que pendía del techo al final de la cual, otra cabeza, la del Obispo conspirador, se balanceaba levemente, como un péndulo siniestro.
Allí estaban las cabezas de todos los que hasta entonces habían conspirado más abiertamente contra Ramiro II. Los nobles presentes reconocieron perfectamente aquellos rostros grotescos y trágicos. Y al pensar en que podían correr una suerte igual, no faltó quien se estremeció involuntariamente y sintio erizarse sus cabellos.
A todoe esto se había hecho un silencio impresionante. El monarca habló entonces así:
- "¿No es cierto, señores, que esta campana de Huesca es la más famosa de todos los tiempos? Yo os digo que sonará magnifica y terrible hasta para vuestros hijos e incluso para los nietos de ellos"- .
Hizo una breve pausa y agregó:
- "Y recordad vosotros, nunca se os olvide, que oireís su terrible sonido cuantas veces os tiene la idea de insubordinaros o de conspirar contra mí"-
Y dando media vuelta, Ramiro II "el monje" salió de la habitación dejando en ella aterrados y silenciosos a todos los nobles aragoneses.






8 comentarios
Qué post tan bueno, me ha encantado. Lo has escrito muy bien. Siempre me ha gustado mucho la Historia. Ya verás como vas a ser un historiador muy bueno.
Besos, amigo.
29 jun 2008 | 08:07 PM
Selene...
¡Me alegro muchísimo quete haya gustado! Y como se suele decir... "Dios te oiga" con eso de que voy a ser un historiador buenísimo...
¡Besitos!
29 jun 2008 | 08:17 PM
Hola Usia
No conocía esta historia, maravillosa forma de narrarla amigo, te felicito
Besitos angelicales..............
29 jun 2008 | 11:30 PM
Alicia...
¡Me alegra que te haya gustado.... ¡¡Besitos!
30 jun 2008 | 01:38 AM
Pues vaya para la campana de Huesca!
Tremenda historia!
BESITOS!!!
30 jun 2008 | 10:01 AM
Una vez mas,la historia nos da una gran leccion...
Metodo un poco duro,pero no podemos dudar de su genial puesta en escena,
haciendo de un autentico crimen de estado ,una hermosa mezcla de poesia y arte escenico...
Bravo por Ramiro II...
12 jul 2008 | 12:41 PM
Glupsss... Eso sí que es dar la campanada...
Sin duda, de lo más efectiva. Y el Abad, las mataba callando, desde luego.
Ahora, el factor sorpresa de la puesta en escena, no cabe duda, fue el golpe de efecto determinante. Macabro, pero genial.
Magnífico post Usia. Me ha parecido muy interesnte. Cuando gustes puedes poner más
Besos, caballero del sur
12 jul 2008 | 01:27 PM
Lidia...
¡Me alegra que te haya gustado...! Alguno más habrá relacionado con la Historia, pero creo que no tan macabros como este...
¡Besitos!
12 jul 2008 | 01:36 PM
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