Cuenta la tradición, ya casi olvidada, que un hombre llamado Gonzalo García, cardador de lana que habitaba en el barrio cordobés de San Lorenzo

en la primera mitad del siglo XV, salió un día a pasear por las cercanías de la actual Facultad de Derecho. Iba lamentandose de la mala suerte de su familia. Había dejado en casa, a su mujer paralítica y a su hija que había perdido la razón.

Caminaba cerca del Arroyo de las Piedras, que bajaba del Marrubial

Y llegado a un punto, se encontró con tres personas, un hombre y dos mujeres, a los cuales identificó con la Virgen y con los Patronos de Córdoba, San Acisclo y Santa Victoria.

Se dirigieron a Él y, señalando una fuente que brotaba de una higuera cerca de la Puerta de Baeza (junto a las Lonjas) le dijeron que tomara agua y la llevara a casa, para darle de beber a su familia. Compró un jarro en la Calle del Sol y lo llenó, corrio depués hacía casa e hizo lo que le dijeron. Su Mujer y su Hija sanaron ese mismo día.

Corrio "como la polvora" la noticia en Córdoba y numerosos cordobeses se acercaron a la fuente a beber y segun recoge la tradición, la ingesta de aquellas aguas curaron a numerosos enfermos.

Hoy día, La Fuensanta es uno de los barrios más populosos de la capital califal.
En dicho barrio se encuentra el Santuario de Nuestra Señora de La Fuensanta.
Una de las peculiaridad de esta iglesia es la presencia de un caimán.
El barrio de "La Fuensanta" esta muy cercano al Río Guadalquivir pero este, en ningún tiempo histórico fue "Refugio" de este tipo de animal.

Sin embargo la cultura popular ha construido en torno a este caimán del Santuario de La Fuensanta una curiosa historia.

Dice la tradición, que este animal merodeando las aguas y la orilla del río a su paso por Córdoba,

estaba sembrando el pánico entre sus habitantes, sin que nadie se atreviera a hacerle frente.

Finalmente se decidió ofrecerle a un condenado a muerte, su indulto a cambio de la caza del animal.

No trascendió la forma en que lo hizo pero, semejante motivación fue suficiente para que le diese muerte en un arroyo cercano, quedando como recuerdo de aquello, el cuerpo del animal en el santuario.

¡¡Besos!!