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La Coctelera

"A La Orilla Del Milano"

"Ángel de amor, en esta apartada orilla, más pura la luna brilla y se respira mejor"

"La Leyenda del Cementerio de La Salud"

¡¡Hola a Todos!!

Mañana todos los cementerios del país recibirán numerosas visitas, así es que creo que la historia que voy a intentar relatar a continuación, guarda mucha relación con eso.

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Un decreto de José Bonaparte instó a la construcción del Cementerio cordobés de La Salud en 1809, la finalización de las obras llegó en la primavera de 1811.
Uno de los más grandes toreros de la historia, Manuel Rodriguez "Manolete", está enterrado aquí, junto a tantos y tantos otros cuiudadanos anónimos.
Tras la sencilla y no gran puerta que un arco corona, de la fachada principal, abierta en la blanquísima y encalada tapia que circunscribe el lugar y lo separa del exterior de la ciudad, que una verja negra de hierro cierra cuando las horas de acesso y visita están ya cumplidas, se abre en su quietud y serena elegancia este cementerio tan limpio y luminoso.
Cierto día, dentro del recinto, un grupo de personas conversaba confusamente, entre voces y aspavientos con varios policías de extraño uniforme.

Al poco la policía desapareció y tras de ellos varias personas, quedando solo varios trabajadores del Campo santo rodeando una tumba abierta.

Uno de los trabajadores le decía a otro: - "Os aseguro que es lo más insólito que he visto en mi vida".

- "¡Y que lo digas!" Respondía otro frunciendo el ceño.

Un tercero contaba: - "Dicen que venía cada día y se sentaba inmóvil, sobre esta piedra. Rezaba, lloraba desconsolado y hasta hablaba solo en ocasiones o quien sabe, quizá hasta con la muerta".

- "¡Vaya estaría loco de remate". Apuntillaba el cuarto.

- "Debía llevar su tiempo aquí, porque el estado del cadaver al sacarlo, era deplorable... Y su rictus terrible. ¡Vaya cara que puso el juez cuando vino a levantar el cuerpo!

Sí, y como yacía abrazado como un poseso al ataud. ¡Estaba enamorado! cuentan. Tal vez el amor sea un tipo peligroso de locura. - Todos rieron lo que parecía ser una ocurrencia graciosa.

- "¡En este caso sí". Concluyó uno de los operarios.

Ella llevaba muerta unos meses, a lo sumo un año, se fue en "la flor de la vida" y el no tardó mucho en querer acompañarla. - "Pobre loco". Sentenció uno de los que allí había.

- "Parece ser que estaban a punto de contraer matrimonio. Al muchacho se le veía absolutamente derrumbado, yo coincidí con él aquí, en alguna ocasión, y se le veía que no estaba bien de la azotea". Contaba otra persona y de nuevo se oyeron carcajadas.

En ese momento el cielo se encapotó de repente, parecío partirse en dos con un luminoso zig-zag e irrumpió un enorme trueno. La lluvia era inminente.

Los obreros corrieron a refugiarse, en su huida observaron a un grupo de mujeres vestidas de negro riguroso y con unos velos que impedían ver su caras. Comenzaron a oir voces, voces lúgubres, distorsionadas, que recitaban unos versos que nunca pudieron olvidar:

“Y amanecerá como cualquier día
Rendida ya la noche ante su muerte,
Y el sol levantará en el Este sin fatiga
Sumiéndome en su claridad permanente.

Y acariciará mi piel el agua
Que el rocío haya dejado en una rosa,
Y el recuerdo a mis heridas dará tregua
Por hacer de esa flor la más hermosa.

Y posaré mi mirada en tu morada
Con la esperanza de verte nuevamente,
Y ante el sepulcro otra vez mi voz cansada
Te gritará en el silencio inútilmente.

Pero… esta vez enterraré mi cuerpo con el tuyo
En el lugar más hondo de la fosa,
Y loco de alegría entre la tierra y su murmullo,
¡Cubriré tan santo sitio con su losa!

Al poco, sorprendentemente, el sol comenzó a brillar, y los operarios volvieron al lugar de la tumba, miraron para buscar a aquellas mujeres pero ya no estaban, ya no retumbaban en sus oidos aquellos versos que instantes antes escucharon.

Dicen que él fue enterrado junto a ella, aunque en la lápida de marmol no apareciera su nombre. No era de Córdoba y nadie nunca lo reclamo. Tras descubrir la polícia tal inusual asunto fue desenterrado para la pertinente autopsia y vuelto a sepultar junto a su amada, la familia de ella nunca se negó.

Quien vio todo aquello afirma que la primera vez que fue enterrado tenía un terrible rictus de desesperación, en la segunda ocasión ya, el rictus era de tranquilidad.

¿Acaso un cadaver puede mudar el gesto? En fin... Cosas de leyenda.

¡¡Besos!!

7 comentarios

  1. Me gusta mucho el post, guapo, qué historia... Por cierto, vaya nombre le buscaron al cementerio, no sé yo, pero eso de la salud..., ja,ja,ja.

    Muchos besos.

  2. Hola Usia

    Los cementerios no me gustan, a nivel personal, pero la descripción que haces de este y las imagenes que muestras se ve un lugar como bien dices, limpio, luminoso y con una gran quietud, la historia es muy buena, ese chico enloqueció y murió por amor, me pregunto ¿qué sabemos nosotros de lo que puede haber más allá, para que el semblante le cambiara?

    FELIZ HALLOWEEN

    Besos angelicales.........

  3. Selene...

    Sí, el nombre es paradójico, yo nunca entré en él, pero lo conozco porque casi siempre que voy a Córdoba, aparco al lado de sus paredes blancas... Es bonito solo con la arboleda que tiene...

    ¡¡Besitos!!

  4. Alicia...

    Supongo que a Nadie le gusta los cementerios y más de noche... Yo suelo darme una vuelta todos los 1 de Noviembre por el de mi pueblo. Me gusta pasar unos segundos al lado de la tumba de mis abuelos, y darme una vuelta recordando a gente que desgraciadamente ya está enterrada...

    ¡¡Besitos!!

  5. Me ha gustado mucho la historia y las fotos. Muy intersante.
    Un abrazo y feliz domingo.

  6. usia

    Giverny...

    ¡¡Me alegra que te haya gustado, aunque tuve un olvido al hacer el post, pues debí nombrarte ya que me inspiré en tu post...

    ¡¡Besitos!! y ¡¡Feliz Domingo para ti tambien!!

  7. muerte

    murio y fallecio martin murio martin a los 16 años murio martin

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