"Un Lugar con una Tragedia Olvidada"
"El otro día escuchando la radio, por cierto una emisora que nunca suelo escuchar, me enteré de esta historia acaecida hace ahora 50 años".
En la década de los años 40, con el fin de satisfacer las crecientes demandas de energía eléctrica en las grandes ciudades como Madrid donde las restricciones eran frecuentes, (se cortaba el suministro eléctrico en las casas a partir de las 12 de la noche hasta el amanecer), la empresa Unión FENOSA inicio un proyecto para construir un dique en la desembocadura del Lago de Sanabria (Zamora).

Surge entonces una gran oposición por parte de los pueblos afectados, el proyecto se olvida y se traslada a la presa Vega de Tera. El proyecto se concreta en 1953, la construcción de la presa se inicia en junio de 1954 y finaliza en noviembre de 1956. Es inaugurada por el general Franco en septiembre de 1956, cuando las obras aún no han concluido. Un total de 1.300 hombres trabajaron en Vega de Tera por un salario de 9 pesetas día los peones, en condiciones extremas.

El día 9 de enero de 1959 cayeron abundantes lluvias torrenciales sobre toda la comarca de Sanabria. Alrededor de la medianoche cuando los habitantes de Ribadelago dormían en una noche fría, el termómetro marcó -18º bajo cero, se produce el desbordamiento del embalse y revienta la presa de Vega de Tera abriendo una brecha de 140 metros en su estructura y liberando unos 8 millones de m³ de agua arrasando todo lo que encuentra a su paso, al llegar al pueblo de Ribadelago en algunas zonas el nivel del agua alcanzo los 9 metros de altura durante 14 minutos.
El Lago de Sanabria absorbió el agua evitando una catástrofe mayor en los pueblos cercanos al río. De los 549 habitantes del pueblo 144 fueron arrastrados por el agua, solamente 28 fueron recuperados y dados oficialmente por muertos.116 cuerpos en su mayoría niños jamás se recuperaron. Al oír el ruido del agua algunos se salvaron subiéndose a la torre de la iglesia, otros en los tejados, en los negrillos (Olmos) y en los montes cercanos. Varias personas perdieron la vida al tratar de recuperar sus efectos personales.


La presa acababa de ser construida por la Empresa "Moncabril", empresa próxima al régimen y de ser inaugurada por Franco, los informes de los ingenieros independientes, posteriormente pusieron de manifiesto que el desastre había ocurrido por defectos en la construcción, en los materiales, en el hormigón, en definitiva por el ahorro en la construcción de una presa indecente que llevo a la muerte a cientos de personas y a la destrucción de todo un pueblo.
Las indemnizaciones fueron ridículas, llegando a dar 95.000 pesetas por hombre muerto, 80.000 por mujer y 25.000 por niño y la construcción del nuevo pueblo fue escandalosa, en la Sanabria del noroeste de Zamora, en la Sanabria montañosa, construyeron un pueblo blanco, pueblo que estaba previsto para Badajoz, se hizo sin cuadras y en una zona absolutamente fría , donde no daba el sol, construyeron casas previstas para zonas calientes lo que llevo a convertirlas viviendas en verdaderas neveras, en definitiva de espaldas a la realidad social y económica de la zona, el régimen quiso tapar la realidad inmediatamente y no reparo en juegos de manipulación, coacción y amenaza, siempre claro contando con unos medios de comunicación que eran simples órganos de expresión del propio régimen fascista.
Se amenazo a los supervivientes y familiares para que cogieran las indemnizaciones, se les prohibió decir que la presa se había roto, se amenazo al abogado que llevo la representación de las victimas. Hubo familias que habiendo perdido a 7 familiares solo vieron 100.000 pesetas.
Se inicio un proceso penal contra 10 personas, solo fueron condenas 4 en primero instancia a un 1 año de prisión, siendo absueltas 2 en el supremo y las dos condenadas fueron indultadas por el régimen.
El escritor Alberto Vázquez-Figueroa participo activamente en el rescate de los cadáveres, en un artículo en prensa, recordaba hace unos días como fueron aquellos angustiosos momentos.
La noche del día siguiente partimos y con la primera claridad del alba nos enfrentamos al dantesco paisaje de Ribadelago arrasado por la fuerza de millones de metros cúbicos de agua que se habían llevado por delante casi 200 vidas humanas. De la pequeña iglesia tan sólo quedaban en pié el campanario y la figura de un Rey Baltasar cuyo negro rostro parecía mostrar el horror que le producía el hecho de que el resto de las figuritas del pesebre hubieran desaparecido como por arte de magia.
Al poco surgieron de entre las ruinas varios hombres que cargaban sobre parihuelas tres cadáveres, seguidos por media docena de mujeres que rezaban casi arrastrando a una anciana que suplicaba que la enterraran a ella pero le devolvieran la vida a su nieto. No hubo tiempo para ver más; los muertos se impacientaban.
Descargamos las botellas de aire comprimido, nos enfundamos en unos primitivos trajes que apenas nos protegían de las gélidas aguas y como jefe de equipo me correspondió el dudoso honor de ser el primero en sumergirme. Un agua sucia, fangosa, grasienta y maloliente me ascendió por las piernas, la cintura, luego el pecho y al fin el cuello, por donde se filtró al interior del traje. Avancé unos 100 metros, sentí náuseas y me oriné, no a causa del miedo, que era mucho, sino porque de ese modo el agua que se había acumulado entre mi cuerpo y el traje se calentaba, lo que me producía un cierto alivio.
Me sumergí rumbo a la nada, el barro en suspensión hizo que a los 10 metros todo fuese borroso y al llegar a los 20 el agua era ya tinta china, por lo que empuñé el cuchillo y continué con el brazo extendido, visto que no tenía ni la menor idea de contra qué podía chocar.
Continúe mi marcha tropezando con infinidad de objetos irreconocibles hasta que de pronto algo vivo me rozó la mejilla. Quedé como paralizado; volvió el contacto, como de uñas muy frías y tan sólo entonces comprendí que se trataba de una trucha [...]
Una semana más tarde comprendí que nos estábamos jugando la vida sin obtener más premio que un brazo, una pierna o incluso una cabeza desprendida del cuerpo y era más el dolor que causábamos a los familiares que el consuelo que podría significar enterrar a sus deudos. Decidí que regresáramos a casa [...]
Aquel acontecimiento fue un autentico atropello y un crimen que nunca fue pagado y a los supervivientes se les dejo en el mas absoluto de los abandonos. El camino fue la emigración, para mucha de los habitantes del pueblo y la comarca, camino muy conocido por los habitantes de esta zona de España.






6 comentarios
Impresionante documento que desconocía totalmente.
Doloroso el relato de Vázquez-Figueroa.
¡Cuántos crimenes en nombre de ideologías! ¡Cuantas injusticias ignoradas!
Un buen post, muy buen post; doloroso y trágico, pero necesario.
Un besito.
2 mar 2009 | 11:00 PM
Tess...
¡Yo me enteré el otro día, y no cambié de emisora de casualidad, pero al final me quedé a escuchar todo el relato... Fue en Radio Nacional.
Me alegra que te haya gustado. ¡Besitos!
2 mar 2009 | 11:06 PM
No sabía nada de esto. Que pena, cuantas injusticias. Has hecho un gran trabajo, un homenaje a auqellas pobres gentes y recordar como se vivió en España durante tantos años:-(
Un abrazo.
2 mar 2009 | 11:09 PM
Giverny...
Pues sí, una injusticia, pasados 50 años, nadie se acuerda de aquello... Prueba es que, tanto Tú, como Tess, como Yo, nos acabamos de enterar...
¡¡Besitos!!
2 mar 2009 | 11:13 PM
Alguna vez escuché algo a mis abuelos de está tragedia pero no conocía realmente los detalles.
es verdaderamente triste y es aun peor que nadie pagara por ello,ningun consuelo para los supervivientes que ni siquiera puedieron enterrar a los suyos y les dieron unas irisorias indemnizaciones. y con que velocidad lo "taparon" todo. has echo una gran labor recordando esta tragedia olvidada.Besos.
3 mar 2009 | 11:22 AM
Only-Woman...
Al menos Tú habías escuchado algo sobre ella. Esta historia tiene unas matices muy caracteristicos... (Negligencia, Pagos irrisorios y sobretodo Silencio, mucho silencio bajo amenazas...)
Sirva esto como recuerdo...
¡¡Besitos!!
3 mar 2009 | 02:43 PM
Escribe un comentario