Puerto Hurraco (Badajoz). Al atardecer del 26 de Agosto de 1990.
Los hermanos Izquierdo, Antonio y Emilio de 53 y 58 años respectivamente, "Los Pataspelás" dispararon cartuchos, después de salir de un callejón hacia una plaza, sobre vecinos del pueblo que se apellidaban Cabanillas, en un acto de venganza porque ellos consideran que eran los culpables del incendio en el que murió la madre de estos, carbonizada, el 18 de Octubre de 1984. Posteriormente el tiroteo derivaría contra quienes se cruzaran por la calle. Los disparos realizados eran de postas, lo que significa que cada cartucho de caza contiene nueve gruesos perdigones de plomo.

Las primeras en caer son las niñas Antonia y Encarnación Cabanillas Rivero, de catorce y doce años, respectivamente. Les disparan en el pecho a corta distancia, hiriéndolas de muerte. Encarna apenas puede hablar, y Antonia pide ayuda a gritos a Isabel, la otra hermana, que salva su vida arrojándose al suelo.
Manuel Cabanillas, de 57 años, sale del bar vecino gritando: - “¡Estáis locos, que las vais a matar! ¿No veis que son unas niñas?” - . Acto seguido recibe los disparos que pondrán fin a su vida.
Se produce una primera descarga de cinco tiros que crea confusión, carreras y miedo en la calle. Antonio Cabanillas, de 25 años, hijo de Manuel, intenta en un primer momento hacer frente a los que disparan, pero éstos rápidamente vuelven las escopetas contra él y le alcanzan por la espalda cuando intenta ponerse a cubierto. Los impactos que recibe le dejarán para siempre en una silla de redas. Los vecinos que pueden escapar se ocultan en sus casas o se parapetan tras árboles y mesas.
Los agresores cargan sus armas y siguen disparando sobre todo lo que se mueve. Araceli Murillo Romero, de 60 años, que está sentada a la puerta de su casa, ve caer heridas a las dos niñas y sin pensarlo va hacia ellas para prestarles ayuda. Los hombres armados le disparan. Muere en el acto.
José Penco Rosales, de 43 años, primo del alcalde pedáneo, que juega a las cartas en el bar, recoge a dos de los heridos en la primera descarga y los traslada en su coche a un centro asistencial de un pueblo vecino. Cuando regresa para hacerse cargo de otras víctimas, los dos hombres que no han dejado de disparar sobre la gente del pueblo le salen al paso y, tras apuntar a los cristales del vehículo, le dan muerte.
Algunos intentan escapar del pueblo. Así, Manuel Benítez, Antonia Murillo Fernández y su cuñado, Reinaldo Benítez, suben a un automóvil. Los agresores les disparan y causan la muerte de Antonia, de 57 años, y de Reinaldo, de 62.
En medio de la calle, disparando para todos los lados, los criminales no dejan descansar sus escopetas. Algunos vecinos logran dar aviso a la Guardia Civil del puesto de la localidad vecina de Monterrubio de la Serena. Un vehículo con dos miembros de la Benemérita entra en el pueblo. Los criminales les apuntan y disparan antes de que puedan salir del automóvil. El agente Juan Antonio Fernández Trejo, de 31 años, recibe un disparo en el pecho; el agente Manuel Calero Márquez resulta herido en la pierna izquierda.
Antes de darse a la fuga, los dos asesinos han matado a siete personas y herido a otras nueve, dos de las cuales fallecerán posteriormente. En el hospital Infanta Cristina de Badajoz ingresarán Guillermo Ojeda Sánchez, de ocho años, con un disparo en el cráneo, muy grave, en coma profundo, quedando hemipléjico, y Andrés Ojeda Gallarde, de 36 años, herido en el pecho y en el vientre, con shock hemorrágico, muy grave. En el hospital Don Benito de Villanueva de la Serena atenderán a Isabel Garrido Dávila, de 70 años, herida en el pulmón derecho, muy grave; Vicenta Izquierdo Sánchez, herida en el brazo izquierdo, y Felicitas Benita Romero, con el impacto de un proyectil en el hombro.
Todo había ocurrido muy deprisa. El plan consistía en matar a un número indeterminado de habitantes de Puerto Hurraco. Los criminales cruzaron el pueblo descargando sus escopetas. Con los cadáveres en charcos de sangre, los heridos quejándose del dolor de sus heridas y el resto de los vecinos atemorizados, los agresores huyeron al monte cercano.
Rápidamente se organizó la caza de los fugitivos. Un fuerte dispositivo de más de doscientos agentes de la Benemérita, a pie, a caballo, en vehículos todoterreno y apoyados por un helicóptero, peinaron toda la zona. Vecinos y guardias pasaron la noche en vela. Quizá la peor de sus vidas. Sentían la amenaza de los francotiradores muy próxima.
Entrada la mañana del día siguiente se dio con los asesinos. Emilio fue sorprendido apostado cerca de la vivienda de dos de sus víctimas; con Antonio dio el helicóptero cuando huía monte arriba. Uno de ellos llegó a decir en su captura, aún caliente con la excitación de la sangre: - “Si no me hubierais detenido, habríamos vuelto a disparar durante el entierro de los muertos” -. Lo dijo como si tal cosa.
Emilio, el jefe del clan, y Antonio, el hermano menor llamado "el Tuerto", porque de niño perdió un ojo (se lo destrozó un gallo a picotazos), los dos solteros, vivían en la localidad vecina de Monterrubio con sus hermanas Ángela y Luciana, también solteronas.

Ángela y Luciana huyeron después de la masacre y fueron localizadas cuatro días después en la madrileña estación de Atocha. Serían acusadas por el sordo clamor popular de inductoras del crimen, pero nada podría probarse. Se les descubrió una grave dolencia mental, por lo que se las recluyó en el manicomio de Mérida.
Emilio explicaba así la matanza: - “Ya estoy tranquilo, ahora ya estoy tranquilo. Después de seis años, ya he vengado la muerte de mi madre; ahora que sufra el pueblo lo mismo que he sufrido yo durante seis años” -. El líder indiscutible de "los Patapelás" hacía culpable al pueblo entero de Puerto Hurraco. Y había preparado cuidadosamente la venganza. A uno de los psiquiatras le confesó que eligió Agosto porque es friolero: - "En invierno se me entumecen los dedos y no puede disparar" -.
En el juicio fueron condenados a 684 años de cárcel. - "Su inteligencia", resaltó el juez magistrado, "está dentro de lo normal, hecho que queda corroborado porque eran capaces de manejar un rebaño de unas mil ovejas, tenían fincas arrendadas y tienen, con la crisis que atraviesa el campo, una cartilla de 10 millones de pesetas"-

El 1 de febrero del 2005 muere en esta institución mental Luciana Izquierdo, considerada la verdadera inductora de los crímenes de Puerto Hurraco. Ángela falleció solamente 10 meses después de que lo hiciera su hermana Luciana.
El día 13 de diciembre de 2006 uno de los hermanos Izquierdo, Emilio, murió en la cárcel a los 72 años de edad. Emilio, que padecía problemas de corazón, murió por causas naturales y fue hallado sin vida en su celda por un funcionario. En el entierro, cuando acudió su hermano Antonio, este dijo delante de su tumba: "Hermano, te vas con la satisfacción de que tu madre ha sido vengada".








8 comentarios
Tremendo, revelador, nos haces aproximarnos a la España de los pueblos pequeños en los que conviven vecinos con el rencor a flor de piel y ejecutan la ley de "ojo por ojo y diente por diente" a sus anchas. Afortunadamente a quedado lejos esa España negra sin cultura y sin posibilidades nada más que de vivir el día a dia sin saber cual será el último. Te felicito por el artículo "Usias". un abrazo
¡¡Ojo Miguel!! Que esa España es la nuestra, que esos pueblos son los nuestros...
Que esa matanza arranca por un antiquísimo problema de lindes y eso aun está muy vivo en nuestros pueblos...
Aunque bueno, afortunadamente, en esta tierra nunca vivimos algo así...
¡¡Un Abrazo Tío!!
SI LA LEY EN OCASIONES NO ES JUSTA Y CREEMOS QUE SE EQUIVOCA, MUCHO PEOR LAS VENGANZAS PERSONALES Y LA JUSTICIA POR TU CUENTA, QUE ERRORES TAN GRANDES PODEMOS COMETER EL SER HUMANO,
Y TIENES RAZON, SON COSAS QUE AUN PASAN, QUE EN LOS PUEBLOS PROBLEMAS COMO LAS LINDES O HERENCIAS PUEDEN ACABAR MUY MAL.
MUY DOCUMENTADO Y MUY COMPLETO UN GRAN TRABAJO. BRAVO!!!!
ENCANTADA DE AÑADIRTE A MIS AMIGOS.
SALUDOS
A que lleva la cabezoneria de algunas personas y aveces por nada.
Feliz domingo :-)
Carmen...
¡Gracias a Tí! ¡Bienvenida por aqui!
Esos problemas en numerosas zonas rurales aun existe, pero ojala nadie se tome la justicia por su mano...
¡¡Saludos!
Merce...
Pues si, aquel día desemboco en una tragedia...
Yo te puedo decir usia que conozco pueblos en mi zona donde la gente sigue muy enfrentada. Sólo hace falta estar un poco loco y tener un arma para desembocar en algo tan macabro como lo de Puerto Hurraco. Y aunque creo que, efectivamente, las nuevas generaciones tienen otra mentalidad, todavía queda una España profundísima que hay que vigilar.
Recuerdo la primera vez que vi la cara de los asesinos. Sentí un asco y miedo a la vez terribles.
Un abrazo.
Crazy...
Y Yo en la mía... Será la indiosincracia de las zonas rurales... Aunque como dices, las nuevas generaciones son diferentes...
Yo recuerdo el reportaje en "Informe Semanal" fue durísimo...
¡¡Un Abrazo!!
Escribe un comentario