"El asesinato del Teniente Castillo"
Madrid, 12 de julio de 1936.

Aquella noche a las nueve, el teniente José Castillo, de la guardia de asalto, salía de su casa, en la calle Augusto Figueroa, en el centro de Madrid, para empezar su servicio. En Abril de este mismo año había ostentado el mando de los guardias de asalto que reprimieron los disturbios en el entierro del teniente De los Reyes, de la guardia civil, muerto durante la celebración del quinto aniversario de la implantación de la República. Después Castillo había colaborado en la instrucción de las milicias socialistas. Desde entonces, la Falange había señalado a Castillo como futura víctima de su venganza. Se había casado en junio, y su novia, la vispera de su boda, había recibido una carta anónima en la que le preguntaban por qué se casaba con un hombre que pronto no sería “más que un cadáver”.
Aquel caluroso domingo, al salir de casa, Castillo fue muerto a tiros por cuatro hombres armados de revólveres, que escaparon rápidamente por las calles llenas de gente. Los asesinos de Castillo eran falangistas, a pesar de que José Antonio había dado una contraorden para evitar la ejecución.

Era el segundo oficial socialista que habían asesinado en los últimos meses. El capitán Carlos Faraudo, un ingeniero que también había ayudado a instruir a las milicias socialistas, había sido asesinado por unos falangistas en mayo, mientras paseaba con su mujer por Madrid. Así pues, la noticia de la muerte de Castillo causó ira al llegar a la jefatura de los guardias de asalto, en el cuartel de Pontejos, junto al Ministerio de la Gobernación, en la Puerta del Sol. El cuerpo fue expuesto en la Dirección General de Seguridad, dentro del ministerio. Los camaradas del teniente muerto criticaron particularmente al gobierno, que había permitido que ocurriera aquello, pidieron medidas contra la Falange. Un grupo fue a quejarse al ministro de la Gobernación, Juan Moles, y le pidió autorización para detener a ciertos falangistas que todavía estaban en libertad. El accedió, pidiendo a los oficiales su palabra de honor de que sólo detendrían a aquellos cuyos nombres figuraban en la lista y de que entregarían a los detenidos a la autoridad competente. Ellos dieron su palabra.

Entre estos hombres estaban un capitán de la guardia civil, Fernando Condés, que había sido íntimo amigo de Castillo. La muerte de Castillo dejó abrumado a Condés. Salió en un coche oficial sin una idea muy clara de adónde iba a dirigirse, acompañado por varios guardias de asalto vestidos de paisano. El conductor llevó a Condés a la dirección de un falangista, ésta resultó ser falsa.
- “¡Vayamos a casa de Gil Robles!”- dijo alguien. Condés todavía aturdido, no dijo nada. Fueron a casa de Gil Robles, pero este estaba en Biarritz. Alguien sugirió que fueran a casa de Calvo Sotelo.
Calvo Sotelo tuvo algunas premoniciones de peligro. El 11 de julio, dicen que “La Pasionaria” le había amenazado claramente de muerte, se dijo que había gritado en las Cortes - “¡Este es tu último discurso!” -, pero ni en el Diario de Sesiones consta tal exclamación ni unos testigos dignos de confianza como Miguel Maura y Henry Buckley oyeron tales palabras.
Uno de los dos policías de la escolta a la que tenía derecho Calvo Sotelo como miembro de las Cortes dijo a un amigo de Calvo Sotelo, el diputado Joaquín Bau, que su oficial superior había dado órdenes de no intervenir en el caso de que se intentara el asesinato de Calvo Sotelo, y de que en realidad, si el atentado tenía lugar en el campo, debía de ayudar a los asesinos. Entonces la escolta fue sustituida por otra de la que Calvo Sotelo pudiera confiar, aunque aparentemente el ministro de la Gobernación no prestó mas atención al asunto.

Verdaderamente, aquel verano era díficil saber que era lo que había que creer. Solo seis días después ocurrió el desastre.






24 comentarios
BUENAS NOCHES USIA QUE TENGAS UNA FELIZ SEMANA
8 jun 2009 | 10:48 PM
¡¡Buenas Noches Lilian!!
Igualmente para ti, y espero que esta sea la semana de la fiesta en tu ciudad de adopción, supongo que ya imaginas porque lo digo... jejeje
¡¡Besitos!!
8 jun 2009 | 10:56 PM
MIRA ES UN COÑAZO, DE VERDAD YA CASI ESTOY CONTAGIADA DEL FUROR POPULAR,
PERO ESPERO QUE SI PORQUE VER AL MINOTAURO VESTIDO CON CALZONES DE VERDAD QUE HIERE A LA VISTA
JAJAJAJAJAJ
UN ABRAZO MU GRANDE
8 jun 2009 | 11:35 PM
estas son del tipo de relatos que escuché a mi abuelo contar a mi marido..
Se las sabía todas. de él conocí a la Pasionaria, gran mujer para miabuelito.
besitos
9 jun 2009 | 07:53 AM
Lilian...
Eso contagiate, el sabado todos/as a las calles de Jerez por el ascenso del Xerez Club Deportivo, que ya toca después de rozarlo en muchas ocasiones... jejeje
¡¡Besitos!!
9 jun 2009 | 10:40 AM
Kili...
¿O sea que me comparas con tu abuelo? Pues vamos Genial...
"La Pasionaria" Dolores Ibarruri, mujer incombustible esta...
¡¡Que tengas buen día!! ¡Besitos!!
9 jun 2009 | 10:41 AM
UNA HISTORIA SOBRE COGEDORA, LOS TERRORISTAS DE LOS AÑOS 30. SER DE UN PARTIDO U OTRO YA ERA MOTIVO SUFICIENTE PARA MATAR.
A MI ME CONTARÓN HISTORIAS COMO QUE LA GUARDIA CIVIL, ESTABA CAPACITADA PARA MATAR A QUIEN PILLARAN ESCUCHANDO LA RADIO. O QUE MATABAN Y LUEGO PREGUNTABAN, O SOLO MATABAN SIN PREGUNTAR DESPUES, A QUIEN ALGUIEN SEÑALABA CON EL DEDO Y DECÍA SER DE OTRO PARTIDO.
MENUDA JUSTICIA.
SALUDOS
9 jun 2009 | 11:41 AM
Carmen...
Sí Carmen, lo que comentas en la historia, así fue, pero más bien, cuando se hizo con más crudeza... Fue después de esto, pero en fin...
¡¡Saludos!!
9 jun 2009 | 02:43 PM
Usía, yo creo que lo mejor para todos es olvidar la guerra y sus consecuencias. Ya no es de recibo abrir heridas. Estamos en el siglo XXI.
Un saludo
9 jun 2009 | 09:57 PM
Vetton...
Ahí discrepo, no pretendo ni creo que sea "reabrir unas heridas", solo es recordar un pasado, unos hechos, que nunca debieron ocurrir. Unos años que marcaron la historia de este país.
Hay mucha gente que cayó en un olvido y en unas circunstancias demasiado difíciles, en las que nunca jamás debieron caer.
Ya se que estamos en el siglo XXI, pero creo firmemente que un país no debe olvidar su pasado.
¡¡Un Saludo Amigo!!
9 jun 2009 | 11:13 PM
yo no te he comparado...solo me has recordado a mi abuelo...jaja
10 jun 2009 | 08:38 AM
Kili...
Pues eso jejeje
¡¡Besitos!!
10 jun 2009 | 10:23 PM
Es historia, ¿Por qué no recordar? Un abrazo.
13 jun 2009 | 09:24 AM
Crazy...
`Pienso así, hay cosas que no se pueden olvidar...
¡Un Abrazo!
15 jun 2009 | 10:29 AM
La izquierda solo era democrata mientras mandara. La derecha quiso hacer la misma receta que la revolución de Asturias de 1934. Mas a la inversa. Sublevarse ellos y formar gobierno. Media España no se resigna a morir. Frase del difunto Calvo Sotelo.
2 ago 2009 | 05:27 PM
Miguel...
Lo de esa frase, ya solo de quien viene, "me repugna", y lo de 1936 fue un golpe de estado contra un gobierno legítimo en toda regla...
¡Un Saludo!
3 ago 2009 | 12:59 AM
Defineme toda regla. Un gobierno, que hace pucherazo contra la oposición es legitimo. Los republícanos decían que puesto que con la monarquia las elecciones no eran límpias todo era legitimo. Hasta el golpe de Estado. Mira lo que dice la wikipedia http://es.wikipedia.org/wiki/Pucherazo
8 ago 2009 | 05:55 PM
Miguel...
Se muy bien lo que significa "pucherazo" en el argot de unas elecciones, y en que consiste, soy Historiador. Pero te repito que respeto tu opinión, pero no la comparto, para mi, las elecciones que ganó el Frente Popular (Conjunto de partidos de izquierdas) fueron totalmente limpias, y el gobierno de Manuel Azaña era legítimo.
¡Un Saludo!
8 ago 2009 | 09:28 PM
Otra pregunta Hitler gano unas elecciones democráticas. ¿justifica su regimen?. ¿Justifica el holocusto?. Hasta que punto ganar unas elecciones lo justifica todo. ¿Cúal es tu opinión?.
Sabras que Lenin convoco unas elecciones en enero de 1918. Como las perdio disolvio la asamblea democrática y en toda la historia de la URSS. La de 1918 se hizo con un sexto de los parlamentarios elegidos por metodos indirectos y 317 con un solo candidato por circunscripciones. No hubo nada que apestara a democracia.
8 ago 2009 | 11:10 PM
Para mi Hitler, el del Ferrol y Musolinni me merecen la misma consideración. Hitler ganó unas elecciones, gracias sobretodo a la situación económica de 1933, pero eso en ningún caso, en ningún concepto, justifica lo que hizo después y mucho menos el Holocausto.
Pero yo hablaba de España, de las elecciones de 1936. Y de la rebelión de unos militares, y lo que vino después.
Creo que nunca nos pondríamos de acuerdo, para ti esas elecciones no fueron democráticas ni limpias, para mi si.
Pero, en la diferencia de criterio, está la riqueza, y te agradezco tus discrepancias.
Y ahora te dejo, a ver si salgo un rato a tomar algo.
¡Un saludo!
8 ago 2009 | 11:37 PM
En un falso documental llamado CSA Estados Confederados de América se simula un futuro alternativo y una negra dice lo que para unos es patriotismo, para otros es terrorismo. Es que si no viste ese documental falso en ese futuro hay esclavitud, pues el Sur gano.
9 ago 2009 | 06:53 PM
Castillo fue expulsado de la guardia civil por unirse a los rebeldes asturianos. Como gano el Frente Popular se le reincorrporo a su puesto y un ascenso.
30 ago 2009 | 07:20 AM
Como estoy completamente de acuerdo con que hay cosas que no se deben olvidar, es un placer colaborar contigo, completando lo que escribes sobre "El asesinato del Teniente Castillo" y su amigo el capitán de la Guardia Civil Fernando Condés; ambos, socialistas sublevados, en octubre de 1934, contra el gobierno legítimo de Segunda República española.
El autor del escrito consta al final del mismo:
--------------------------------
El capitán Fernando Condés.
El capitán de la Guardia Civil Fernando Condés Romero fue uno de los hombres que, el 13 de julio de 1936, intervino en el asesinato del político conservador y ex ministro de la dictadura de Primo de Rivera, José Calvo Sotelo. Su muerte fue utilizada para alzarse en armas contra el gobierno de la II República española.
Pero antes de participar en ese execrable crimen, Fernando Condés había intentado tomar militarmente el Parque de Automovilismo del Cuerpo, durante la revolución de octubre de 1934, disfrazando a 40 personas de guardias civiles.
Hace poco más de ocho años moría en la calle Lombía de Madrid Orencio Bayo Cambronero, ex antiguo guardia de asalto que conducía la camioneta número 17 (plataforma) donde asesinaron y trasladaron después al cementerio de la Almudena a José Calvo Sotelo. La muerte de este antiguo agente de los Cuerpos de Seguridad del Estado (cobraba ya la paga como policía nacional retirado) pasó desapercibida para la opinión pública y ni siquiera su nombre apareció registrado en una pequeña esquela. Orencio murió a los 80 años de edad y era el último testigo de lo que ocurrió en la madrugada de un lejano 13 de julio, y que traería luego como consecuencia la muerte de un millón de españoles enfrentados en una guerra cruel, injusta y fraticida.
Un oficial muy joven.
El capitán de la Guardia Civil Fernando Condés nació en Lavadores (Pontevedra) en octubre de 1906 y era hijo de un comandante de Infantería. Cuando contaba 16 años ingresó como cadete en la Academia de Infantería de Toledo y dos años después se graduó como alférez y fue destinado a un regimiento acantonado en Vigo. Pero aquello era demasiado tranquilo para un oficial de 18 años y pidió voluntario que lo destinaran a Melilla, donde se desarrollaba una encarnizada guerra contra los rifeños. No tardó mucho tiempo en destacarse por su arrojo y valor y del pecho de su guerrera empezaron a brotar condecoraciones: cruces rojas al mérito militar, la ambicionada Cruz de María Cristina y el ascenso a teniente por méritos de guerra. Peleó en las columnas que mandaron los laureados generales Varela, Mola y Zamalloa, y todos ellos emitieron informes muy favorables sobre aquel joven imberbe por su actuación en los muchos combates en los que participó. Condés no se arrugaba a la hora de arremeter a sangre y fuego contra aquellas columnas moras que defendían hasta la muerte su territorio. En el Grupo de Regulares de Infantería "Tetuán, 1" tuvo la ocasión Condés de conocer al que se convertiría en su más fiel camarada, el teniente de Infantería José del Castillo Sáenz de Tejada, de ascendencia aristocrática y pariente lejano por parte de madre de José Antonio Primo de Rivera, hijo del general del mismo apellido y futuro fundador de la Falange Española.
Terminada la guerra de Marruecos, Condés, al igual que hicieron muchos otros militares, solicitó en 1928 el ingreso en la Guardia Civil. No quería aburrirse en la sala de banderas de un regimiento cualquiera sin tener un cacho combate que echarse a la boca, por eso creyó que su afán de aventuras lo podría encontrar en la Guardia Civil, en su diario quehacer de luchar contra el crimen. Otros oficiales de las antiguas guarniciones de África eligieron por los mismos motivos que Condés el Cuerpo de Carabineros y, más tarde cuando fue creado, por el de la Guardia de Asalto. En este último caso se encontró el teniente Castillo.
Condés aterriza en la comandancia de Almería
El primer destino que tuvo Condés en la Guardia Civil fue el escuadrón de caballería y la línea de Viator después, ambas unidades de la comandancia de Almería. Era 1928 y todavía le faltaban 6 años para debutar como revolucionario en la plaza de Madrid.
Su paso por el Cuerpo, a excepción de una cruz blanca al mérito militar, obtenida cuando se hallaba destinado en el Parque de Máquinas de Locomoción, pasó sin pena ni gloria como jefe de las líneas de Cifuentes y de la capital de Guadalajara. Era socialista y no lo negaba. Más tarde, cuando saltó a la fama por su intervención en el asesinato de Calvo Sotelo, los historiadores repetirían hasta la saciedad unas palabras atribuidas a Condés: "Yo, como capitán de la Guardia Civil me puedo equivocar, pero como socialista nunca, porque los obreros siempre tienen razón". En 1933, después de estar concentrado en las comandancias de Barcelona y Oviedo, Fernando Condés, todavía con el empleo de teniente, fue destinado al Parque de Automovilismo en Madrid. En esta plaza su amigo Castillo prestaba sus servicios como teniente de la Guardia de Asalto del Grupo de Pontejos. Los dos amigos volvieron a encontrarse y a frecuentar los círculos socialistas de la capital de España.
El asesinato del teniente Castillo.
En octubre de 1934, Castillo y Condés intervinieron en la revolución que los socialistas y algunos partidos de izquierda organizaron contra el gobierno republicano de derechas. Fernando Condés tenía como misión disfrazar a 40 correligionarios de su partido de guardias civiles y tomar luego el Parque de Automovilismo, pero fracasó rotundamente en el intento. No obstante, aquello le costó el consabido consejo de guerra, una condena a reclusión perpetua y la expulsión del Cuerpo.
La sentencia por estos hechos es lo suficientemente explícita: "El teniente de la Guardia Civil Fernando Condés Romero, destinado en el Parque de Automovilismo de su Instituto en Madrid, a las veintidós horas del día 4 de octubre último, y llegado a su domicilio de la calle Alcalá 197 el guardia conductor Antolín Mayoral con un coche para recogerle, lo ocupó en unión de un paisano, que salió con él ordenando al chófer que se parara en la calle Alcalá esquina a Goya, desapareciendo e ignorando su paradero hasta el dieciséis del mismo mes que se presentó voluntario en su unidad (...) "En vez de presentarse a prestar el servicio que tenía encomendado a las 22,30 horas de ese día, se unió a elementos subversivos con el propósito de dirigir un asalto al cuartel del Parque Móvil para apoderarse de él, valiéndose de individuos vestidos con uniformes de guardias civiles, sin que llegase a poner en práctica su criminal propósito (...)".
El triunfo en las elecciones del Frente Popular en febrero de 1936 supuso la excarcelación de Castillo, condenado y expulsado del ejército por hechos similares a los de su camarada, y de Fernando Condés, este fue ascendido a capitán. Mientras que Castillo desempeñaba sus funciones en el Cuartel de Pontejos, Condés se encontraba en situación de disponible en Madrid, es decir, sin destino alguno.
La noche del 12 de julio de 1936, el teniente José Castillo salía de su casa del número 11 de la calle Augusto Figueroa, esquina a la de Fuencarral, después de despedirse de su mujer para dirigirse a tomar el servicio en el cuartel de Pontejos (Puerta del Sol). Fue al doblar la esquina cuando unos pistoleros derechistas lo abordaron y dispararon contra él hasta que lo consideraron cadáver. El teniente iba vestido con su uniforme reglamentario y llevaba en el bolsillo una pistola que no pudo disparar. Este oficial tenía fama de duro a la hora de disolver las manifestaciones, sobre todo las que organizaban los militantes de la Falange y del Requeté.
El gobierno republicano había organizado la Guardia de Asalto valiéndose de militares afectos a la República. Otro de los motivos era para "sustituir de las ciudades a la Guardia Civil, demasiado violenta en sus intervenciones y, además, poco segura políticamente ante las actividades derechistas y monárquicas".
Sin embargo, los oficiales de este nuevo cuerpo procedían la mayor parte de ellos de las guarniciones africanas, acostumbrados a estar constantemente en guerra y dirigir escaramuzas bélicas contra los rifeños. No es de extrañar por tanto que, ante una alteración de orden público y en el fragor de la manifestación, confundieran a los participantes en la algarada con guerreros de Adelkrim y arremetieran contra ellos como estaban acostumbrados a hacerlo en África.
Una vez asesinado el teniente Castillo fue trasladado a una casa de socorro que había en la calle de la Ternera. Allí llegó inmediatamente el capitán Condés, quien lloró amargamente ante el cadáver de su viejo camarada de Regulares entre los gritos ensordecedores pidiendo venganza pronunciados por los compañeros del asesinado. Momentos más tarde, del Cuartel de Pontejos salió una expedición compuesta por guardias de asalto, Condés y un pistolero socialista llamado Luis Cuenca Estevas, gallego como Condés y antiguo matón a sueldo del dictador cubano Machado. La comitiva viajaba en la camioneta número 17 de la Guardia de Asalto conducida por Orencio Bayo Cambronero. Su misión no era otra que la de buscar al primer dirigente de derechas que se encontraran en su camino de muerte para que acompañara a Castillo en su último viaje.
En la madrugada del 13 de julio de 1936 la "plataforma" número 17, una Hispano-Suiza, llegó al número 89 de la calle Velázquez, domicilio del diputado del Bloque Nacional José Calvo Sotelo. Después de identificarse como capitán de la Guardia Civil, Fernando Condés ordenó a los guardias de asalto que lo acompañaban que registraran la casa. Instantes después, Calvo Sotelo subía a la camioneta siguiendo las indicaciones dadas por Condés. A los pocos metros de la vivienda, y llegar siquiera a la cercana confluencia con la calle de Ayala, sonaron dos disparos en la plataforma. Dos balas del calibre 9 milímetros penetraron por la nuca del diputado y éste resultó muerto al instante. El autor de los fogonazos, según las manifestaciones de los encartados en este proceso, fue el pistolero socialista Luis Cuenca.
Para no dejar huella de la vileza que acababan de cometer, Fernando Condés ordenó al conductor Orencio Bayo que se dirigiera con el equipaje de muerte que llevaban encima al cementerio de la Almudena. Al enterrador le entregaron el cuerpo sin vida de Calvo Sotelo y le dijeron que se trataba de un borracho que había tenido una pelea en una taberna y que lo habían matado.
Al día siguiente se descubrió el pastel y comenzaron las investigaciones. El sumario por estos hechos fue robado de las oficinas del Juzgado de Instrucción número 3 de Madrid. Pero aquel horrible asesinato, que se trató de la venganza de un individuo sin escrúpulos que ve a su amigo asesinado por unos pistoleros, se convirtió en el pretexto para levantarse en armas contra el gobierno de la República. Cuatro días más tarde del asesinato, el 17 de julio, las tropas regulares, a las que habían pertenecido Condés y Castillo, se embarcaban desde África para la Península y tomar el poder por las armas.
La muerte de Condés en la sierra.
Fernando Condés se incorporó al ejército republicano y partió para Guadarrama al mando de una columna para enfrentarse. El combate fue muy duro y el 27 de ese mismo mes recibió un tiro mortal que le arrebató la vida. Algunos testigos dijeron que la bala le entró por la espalda y que el que disparó fue uno de sus soldados. Nunca se sabrá la verdad. Junto a Condés cayó también muerto en el mismo combate Luis Cuenca, el pistolero socialista que disparó fríamente contra Calvo Sotelo. Ante este evento quizá podría aventurarse aquello de que los amigos que matan juntos mueren juntos.
Autor: José Luis Cervero.
24 jul 2010 | 08:56 PM
Un dato dije elecciones de 1918 y eran de 1988. Con 317 candidatos únicos y 300 elegidos de forma indirecta. Las elecciones en la URSS.
25 jul 2010 | 12:09 AM
Un dato dije elecciones de 1918 y eran de 1988. Con 317 candidatos únicos y 300 elegidos de forma indirecta. Las elecciones en la URSS.
25 jul 2010 | 12:09 AM
Escribe un comentario