Publicidad:
Terra
La Coctelera

"A La Orilla Del Milano"

"Ángel de amor, en esta apartada orilla, más pura la luna brilla y se respira mejor"

"El Pan Maldito"

Desde los siglos IX al XIV, se produjeron en Europa varias epidemias de una enfermedad que se conoció, en principio, como "Fuego de San Antonio". Se trataba de una enfermedad mortal en la que los pacientes sufrían una especie de gangrena que secaba sus extremidades y acababa con la vida de las personas, cuando no los dejaba mutilados de manera horrible. Esto se producía entre dolores y "quemazones", que hicieron que el vulgo denominara la enfermedad de la forma antes expresada.

No se conocía la causa de la epidemia que asolaba pueblos y regiones enteras y los afectados no tenían a su alcance otros remedios que los que su fe les aportaba. Los monjes de la orden de San Antonio crearon hospitales exclusivamente dedicados a estos enfermos. Pronto, las verdaderas causas empezaron a vislumbrarse, cuando alguna persona advirtió que los que comían "pan blanco" no contraían la enfermedad, mientras que los que lo hacían del pan común de las ciudades, fabricado con una harina de centeno, de color más negruzco, sí que caían inexorablemente enfermos. La causa del mal procedía de las espigas de centeno, un cereal muy usado para consumo humano en aquellos años de escasez y miserias, pero que hoy se destina casi exclusivamente para el ganado. En el centeno, vive parásito un hongo conocido como "cornezuelo del centeno", un hongo venenoso con poderosos efectos vasoconstrictores, que cierra venas y arterias impidiendo la circulación de la sangre y produciendo la gangrena.

Desde siempre, el cornezuelo ha prosperado, parásito, en el centeno, instalándole en uno de los granos de la espiga del cereal, al que acaba por consumir, creciendo a su costa. Llegada la recolección, si el cereal no ha sido tratado, el cornezuelo entra a formar parte de la harina producida por la molienda del grano, confiriendo el tono oscuro que acentúa el ya color tostado del pan de centeno. 
La enfermedad sería conocida en la actualidad por su nombre científico que es "Ergotismo" y que se pudo relacionar con la peste del medioevo porque ocurrió en Francia, concretamente en la región del Languedoc, un episodio sanitario que desentrañaría parte de la "historia médica enterrada".

Todo comenzó una mañana, en Pont-Saint-Esprit, un pequeño pueblo a orillas del rió Ródano, al norte de Avignon, cuando el propietario de la panadería Briand notó una decoloración grisácea en la harina de las "baguettes" que hacía cada mañana. Como carecía de fuentes de abastecimiento alternativas, ya que en esa época la distribución de la harina en Francia era monopolio del Estado, prosiguió con su tarea acostumbrada, amasando y cociendo al horno. El 17 de agosto de 1951, los médicos del pueblo comenzaron a atender a miembros de varias familias del pueblo que presentaban un síndrome particular que respondía a las mismas características. El trastorno generalmente comenzaba a manifestarse con dolores de cabeza, mareos y desorientación mental, y progresaba rápidamente con dolores gástricos y musculares, vértigo, náuseas, lipotimias y sensación de frío, a pesar del calor propio de la estación estival. Junto con esta sensación de hipotermia, algunos afectados se quejaban de dolores severos y muy ardientes en sus extremidades, que en algún caso culminaron en gangrena.

Unas cuantas mujeres embarazadas sufrieron abortos, y en otras personas el cuadro patológico se vio agravado con síntomas espectaculares, que determinaban un comportamiento anormal y extremo de los afectados: histerismo violento, convulsiones "demoníacas", hiperactividad motriz, alucinaciones visuales, ilusiones sensoriales, delirios, euforia, crisis deprimentes, accesos de locura e incluso tendencias suicidas.

En veinticuatro horas las personas afectadas por la extraña enfermedad se contaban por decenas. Los informes de la época describen Pont-Saint-Esprit como una especie de escenario dantesco, donde había personas que aullaban y deambulaban aterrorizadas por las calles. La pesadilla alcanzó su punto álgido durante la noche del 24 de agosto que, más tarde, sería descrita por uno de los médicos, el doctor Gabbai como "mi noche del Apocalipsis". El testimonio de otro médico, el doctor Fuller, acerca de aquella fatídica jornada resulta impactante: "toda aquella noche trajeron al hospital a enfermos gimientes o aulladores, presa de visiones de violencia o de miedo". Y también la mañana siguiente, durante las primeras horas del día, los afectados se sintieron "rodeados de llamas; los que se asomaron a las ventanas fueron deslumbrados por visiones violentamente coloreadas..."

Con algún retraso, los médicos empezaron a relacionar los sucesos de aquel pueblo con las epidemias de "ergotismo" de la Edad Media. Retirada del mercado la harina de centeno, en unos meses, las cosas volvieron a la normalidad, aunque entre doscientas y trescientas personas habían perdido la vida en el último episodio de "Fuego de San Antonio" que se ha registrado.

2 comentarios

  1. Por lo que se ve hay que mirar muy bien lo que comemos, y aún así enfermamos.
    Besos hijo.

  2. Curioso e instructivo ,como siempre son tus post, me gustan, lo sabes.
    Y cuidado a ver que te llevas a la boca...

    BesoTess con fuego pero no de San Antonio

Escribe un comentario