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Terra
La Coctelera

"A La Orilla Del Milano"

"Ángel de amor, en esta apartada orilla, más pura la luna brilla y se respira mejor"

"Por historia y convicción"

Junio de 1910, (100 años atrás), con 40899 votos, Pablo Iglesias consigue el primer escaño, para el Partido Socialista Obrero Español. Un siglo después, ese partido contó con 11.200.000 votos.

Años atrás, el 2 de Mayo de 1879, en "Casa Labra", en la C/ Tetuan, cerca de la madrileña Puerta del Sol, echó a andar el Partido Socialistas con "Paulino" Iglesias, más 16 tipógrafos, cuatro médicos, un doctor en ciencias, dos joyeros, un marmolista y un zapatero al frente.

El ideal se ese partido que nacía era la completa emancipación de la clase trabajadora. "La abolición de todas las clases sociales y su conversión en una sola de trabajadores, dueños del fruto de su trabajo, libres, iguales, honrados e inteligentes", describía El Socialista en su primer número, el 12 de marzo de 1886. El periódico, uno de los primeros instrumentos para armar la "resistencia", la misma revolución, se convirtió en un proyecto vital para Iglesias, su director hasta su muerte.

Pablo Iglesias; "Siempre creyó en la palabra para convencer y formar al pueblo". Antes de ganar su escaño en el Congreso gracias a la alianza de republicanos y socialistas, Iglesias se sentó en el Ayuntamiento de Madrid como concejal entre 1905 y 1910, y repitió entre 1914 y 1917. También concurrió en las seis elecciones legislativas convocadas hasta 1923, el año del golpe de Miguel Primo de Rivera.

Las largas temporadas en la cárcel y su intensa actividad política y editorial acabaron haciéndole mella. Enfermó de una grave pulmonía y acabó acusando la escisión del PCE en 1921. El 9 de diciembre de 1925, Pablo Iglesias murió, dejando como legado, 1000 pesetas para el periódico, y un último artículo, publicado horas antes de su muerte; "El Proletariado vencerá".

"Sois socialistas no para amar en silencio vuestras ideas ni para recrearos con su grandeza y con el espíritu de justicia que las anima, sino para llevarlas a todas partes" (Pablo Iglesias).

P.D.: Porque me gusta la historia y sobretodo por convicción y valores, tenía que hacer referencia a esto hoy.

1 comentario

  1. CarlosSua

    Como estoy completamente de acuerdo con que hay cosas que no se deben olvidar, es un placer colaborar contigo, completando lo que escribes sobre "El asesinato del Teniente Castillo" y su amigo el capitán de la Guardia Civil Fernando Condés; ambos, socialistas sublevados, en octubre de 1934, contra el gobierno legítimo de Segunda República española.

    El autor del escrito consta al final del mismo:

    --------------------------------

    El capitán Fernando Condés.

    El capitán de la Guardia Civil Fernando Condés Romero fue uno de los hombres que, el 13 de julio de 1936, intervino en el asesinato del político conservador y ex ministro de la dictadura de Primo de Rivera, José Calvo Sotelo. Su muerte fue utilizada para alzarse en armas contra el gobierno de la II República española.

    Pero antes de participar en ese execrable crimen, Fernando Condés había intentado tomar militarmente el Parque de Automovilismo del Cuerpo, durante la revolución de octubre de 1934, disfrazando a 40 personas de guardias civiles.

    Hace poco más de ocho años moría en la calle Lombía de Madrid Orencio Bayo Cambronero, ex antiguo guardia de asalto que conducía la camioneta número 17 (plataforma) donde asesinaron y trasladaron después al cementerio de la Almudena a José Calvo Sotelo. La muerte de este antiguo agente de los Cuerpos de Seguridad del Estado (cobraba ya la paga como policía nacional retirado) pasó desapercibida para la opinión pública y ni siquiera su nombre apareció registrado en una pequeña esquela. Orencio murió a los 80 años de edad y era el último testigo de lo que ocurrió en la madrugada de un lejano 13 de julio, y que traería luego como consecuencia la muerte de un millón de españoles enfrentados en una guerra cruel, injusta y fraticida.

    Un oficial muy joven.

    El capitán de la Guardia Civil Fernando Condés nació en Lavadores (Pontevedra) en octubre de 1906 y era hijo de un comandante de Infantería. Cuando contaba 16 años ingresó como cadete en la Academia de Infantería de Toledo y dos años después se graduó como alférez y fue destinado a un regimiento acantonado en Vigo. Pero aquello era demasiado tranquilo para un oficial de 18 años y pidió voluntario que lo destinaran a Melilla, donde se desarrollaba una encarnizada guerra contra los rifeños. No tardó mucho tiempo en destacarse por su arrojo y valor y del pecho de su guerrera empezaron a brotar condecoraciones: cruces rojas al mérito militar, la ambicionada Cruz de María Cristina y el ascenso a teniente por méritos de guerra. Peleó en las columnas que mandaron los laureados generales Varela, Mola y Zamalloa, y todos ellos emitieron informes muy favorables sobre aquel joven imberbe por su actuación en los muchos combates en los que participó. Condés no se arrugaba a la hora de arremeter a sangre y fuego contra aquellas columnas moras que defendían hasta la muerte su territorio. En el Grupo de Regulares de Infantería "Tetuán, 1" tuvo la ocasión Condés de conocer al que se convertiría en su más fiel camarada, el teniente de Infantería José del Castillo Sáenz de Tejada, de ascendencia aristocrática y pariente lejano por parte de madre de José Antonio Primo de Rivera, hijo del general del mismo apellido y futuro fundador de la Falange Española.

    Terminada la guerra de Marruecos, Condés, al igual que hicieron muchos otros militares, solicitó en 1928 el ingreso en la Guardia Civil. No quería aburrirse en la sala de banderas de un regimiento cualquiera sin tener un cacho combate que echarse a la boca, por eso creyó que su afán de aventuras lo podría encontrar en la Guardia Civil, en su diario quehacer de luchar contra el crimen. Otros oficiales de las antiguas guarniciones de África eligieron por los mismos motivos que Condés el Cuerpo de Carabineros y, más tarde cuando fue creado, por el de la Guardia de Asalto. En este último caso se encontró el teniente Castillo.

    Condés aterriza en la comandancia de Almería

    El primer destino que tuvo Condés en la Guardia Civil fue el escuadrón de caballería y la línea de Viator después, ambas unidades de la comandancia de Almería. Era 1928 y todavía le faltaban 6 años para debutar como revolucionario en la plaza de Madrid.

    Su paso por el Cuerpo, a excepción de una cruz blanca al mérito militar, obtenida cuando se hallaba destinado en el Parque de Máquinas de Locomoción, pasó sin pena ni gloria como jefe de las líneas de Cifuentes y de la capital de Guadalajara. Era socialista y no lo negaba. Más tarde, cuando saltó a la fama por su intervención en el asesinato de Calvo Sotelo, los historiadores repetirían hasta la saciedad unas palabras atribuidas a Condés: "Yo, como capitán de la Guardia Civil me puedo equivocar, pero como socialista nunca, porque los obreros siempre tienen razón". En 1933, después de estar concentrado en las comandancias de Barcelona y Oviedo, Fernando Condés, todavía con el empleo de teniente, fue destinado al Parque de Automovilismo en Madrid. En esta plaza su amigo Castillo prestaba sus servicios como teniente de la Guardia de Asalto del Grupo de Pontejos. Los dos amigos volvieron a encontrarse y a frecuentar los círculos socialistas de la capital de España.

    El asesinato del teniente Castillo.

    En octubre de 1934, Castillo y Condés intervinieron en la revolución que los socialistas y algunos partidos de izquierda organizaron contra el gobierno republicano de derechas. Fernando Condés tenía como misión disfrazar a 40 correligionarios de su partido de guardias civiles y tomar luego el Parque de Automovilismo, pero fracasó rotundamente en el intento. No obstante, aquello le costó el consabido consejo de guerra, una condena a reclusión perpetua y la expulsión del Cuerpo.

    La sentencia por estos hechos es lo suficientemente explícita: "El teniente de la Guardia Civil Fernando Condés Romero, destinado en el Parque de Automovilismo de su Instituto en Madrid, a las veintidós horas del día 4 de octubre último, y llegado a su domicilio de la calle Alcalá 197 el guardia conductor Antolín Mayoral con un coche para recogerle, lo ocupó en unión de un paisano, que salió con él ordenando al chófer que se parara en la calle Alcalá esquina a Goya, desapareciendo e ignorando su paradero hasta el dieciséis del mismo mes que se presentó voluntario en su unidad (...) "En vez de presentarse a prestar el servicio que tenía encomendado a las 22,30 horas de ese día, se unió a elementos subversivos con el propósito de dirigir un asalto al cuartel del Parque Móvil para apoderarse de él, valiéndose de individuos vestidos con uniformes de guardias civiles, sin que llegase a poner en práctica su criminal propósito (...)".

    El triunfo en las elecciones del Frente Popular en febrero de 1936 supuso la excarcelación de Castillo, condenado y expulsado del ejército por hechos similares a los de su camarada, y de Fernando Condés, este fue ascendido a capitán. Mientras que Castillo desempeñaba sus funciones en el Cuartel de Pontejos, Condés se encontraba en situación de disponible en Madrid, es decir, sin destino alguno.

    La noche del 12 de julio de 1936, el teniente José Castillo salía de su casa del número 11 de la calle Augusto Figueroa, esquina a la de Fuencarral, después de despedirse de su mujer para dirigirse a tomar el servicio en el cuartel de Pontejos (Puerta del Sol). Fue al doblar la esquina cuando unos pistoleros derechistas lo abordaron y dispararon contra él hasta que lo consideraron cadáver. El teniente iba vestido con su uniforme reglamentario y llevaba en el bolsillo una pistola que no pudo disparar. Este oficial tenía fama de duro a la hora de disolver las manifestaciones, sobre todo las que organizaban los militantes de la Falange y del Requeté.

    El gobierno republicano había organizado la Guardia de Asalto valiéndose de militares afectos a la República. Otro de los motivos era para "sustituir de las ciudades a la Guardia Civil, demasiado violenta en sus intervenciones y, además, poco segura políticamente ante las actividades derechistas y monárquicas".

    Sin embargo, los oficiales de este nuevo cuerpo procedían la mayor parte de ellos de las guarniciones africanas, acostumbrados a estar constantemente en guerra y dirigir escaramuzas bélicas contra los rifeños. No es de extrañar por tanto que, ante una alteración de orden público y en el fragor de la manifestación, confundieran a los participantes en la algarada con guerreros de Adelkrim y arremetieran contra ellos como estaban acostumbrados a hacerlo en África.

    Una vez asesinado el teniente Castillo fue trasladado a una casa de socorro que había en la calle de la Ternera. Allí llegó inmediatamente el capitán Condés, quien lloró amargamente ante el cadáver de su viejo camarada de Regulares entre los gritos ensordecedores pidiendo venganza pronunciados por los compañeros del asesinado. Momentos más tarde, del Cuartel de Pontejos salió una expedición compuesta por guardias de asalto, Condés y un pistolero socialista llamado Luis Cuenca Estevas, gallego como Condés y antiguo matón a sueldo del dictador cubano Machado. La comitiva viajaba en la camioneta número 17 de la Guardia de Asalto conducida por Orencio Bayo Cambronero. Su misión no era otra que la de buscar al primer dirigente de derechas que se encontraran en su camino de muerte para que acompañara a Castillo en su último viaje.

    En la madrugada del 13 de julio de 1936 la "plataforma" número 17, una Hispano-Suiza, llegó al número 89 de la calle Velázquez, domicilio del diputado del Bloque Nacional José Calvo Sotelo. Después de identificarse como capitán de la Guardia Civil, Fernando Condés ordenó a los guardias de asalto que lo acompañaban que registraran la casa. Instantes después, Calvo Sotelo subía a la camioneta siguiendo las indicaciones dadas por Condés. A los pocos metros de la vivienda, y llegar siquiera a la cercana confluencia con la calle de Ayala, sonaron dos disparos en la plataforma. Dos balas del calibre 9 milímetros penetraron por la nuca del diputado y éste resultó muerto al instante. El autor de los fogonazos, según las manifestaciones de los encartados en este proceso, fue el pistolero socialista Luis Cuenca.

    Para no dejar huella de la vileza que acababan de cometer, Fernando Condés ordenó al conductor Orencio Bayo que se dirigiera con el equipaje de muerte que llevaban encima al cementerio de la Almudena. Al enterrador le entregaron el cuerpo sin vida de Calvo Sotelo y le dijeron que se trataba de un borracho que había tenido una pelea en una taberna y que lo habían matado.

    Al día siguiente se descubrió el pastel y comenzaron las investigaciones. El sumario por estos hechos fue robado de las oficinas del Juzgado de Instrucción número 3 de Madrid. Pero aquel horrible asesinato, que se trató de la venganza de un individuo sin escrúpulos que ve a su amigo asesinado por unos pistoleros, se convirtió en el pretexto para levantarse en armas contra el gobierno de la República. Cuatro días más tarde del asesinato, el 17 de julio, las tropas regulares, a las que habían pertenecido Condés y Castillo, se embarcaban desde África para la Península y tomar el poder por las armas.

    La muerte de Condés en la sierra.

    Fernando Condés se incorporó al ejército republicano y partió para Guadarrama al mando de una columna para enfrentarse. El combate fue muy duro y el 27 de ese mismo mes recibió un tiro mortal que le arrebató la vida. Algunos testigos dijeron que la bala le entró por la espalda y que el que disparó fue uno de sus soldados. Nunca se sabrá la verdad. Junto a Condés cayó también muerto en el mismo combate Luis Cuenca, el pistolero socialista que disparó fríamente contra Calvo Sotelo. Ante este evento quizá podría aventurarse aquello de que los amigos que matan juntos mueren juntos.

    Autor: José Luis Cervero.

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