"Ayer fue sábado, mismo día que aquel de 1977"
Ayer fue sábado, día de la semana como hace 34 años. 9 de Abril de 1977, "Sábado Santo". El día que fue legalizado el Partido Comunista de España.
"Yo no creo que el presidente Suárez sea un amigo de los comunistas.Le considero más bien un anticomunista, pero un anticomunista inteligente que ha comprendido que las ideas no se destruyen con represión e ilegalizaciones. Y que está dispuesto a enfrentar a las nuestras, las suyas. Bien, ése es el terreno en el que deben dirimirse las divergencias. Y que el pueblo, con su voto, decida". (Estas palabras son la parte final del comunicado que Santiago Carrillo, líder del PCE, lee ante los medios de comunicación a las 18:00 horas de aquel día, en la ciudad francesa de Cannes).
El comunicado es la primera reacción ante una noticia inesperada, la legalización del partido político más odiado por los sectores franquista, más temido por parte de la sociedad española. La noticia cayo como una bomba, provoco la rabia y el miedo en los grupos menos politizados de la sociedad, indignación en los aun afines al antiguo régimen franquista y furia en la mayor parte del Ejercito. Ese comunicado, a pesar de lo que pudiese parecer, ya estaba pactado entre el Presidente del Gobierno, Adolfo Suarez y el líder comunista Carrillo. Suarez le había exigido que se abstuviera de elogios en las palabras. Además, Santiago Carrillo se encontraba en Cannes, en un piso de Teodulfo Lagunero, por indicación del Presidente, ya que le informó que la legalización estaba muy cerca.
Aquel Sábado Santo, Adolfo Suarez esperaba el dictamen de la Junta de Fiscales para dar el visto bueno a la inclusión del Partido Comunista en el registro de asociaciones políticas según la legalidad vigente, a las 12:00 del mediodía llega el fallo positivo, y a las 13:00 ya se había dado forma al documento que firmaría Rodolfo Martín Villa. La negociaciones para la creación del comunicado que horas más tarde leería Carrillo las llevan a cabo, a golpe de teléfono, José María Armero, hombre de confianza del presidente Suarez y el propio Carrillo.
En aquella declaración, Carrillo criticaba al Presidente del Gobierno que acababa de legalizar al PCE, cosas sorprendentes, pero Carrillo repetía que "así es la política". A las 18:00 horas de aquel sábado, los teletipos de la Agencia "Europa Press" cuyo presidente José María Armero se cobra así sus gestiones. La noticia es recogida inmediatamente por Radio Nacional de España: "Señoras y señores, hace unos momentos, fuentes autorizadas del Ministerio de la Gobernación han confirmado que el Partido Comunista...perdón... que el Partido Comunista de España ha quedado legalizado e inscrito en el... perdón... (ráfaga musical)... Hace unos momentos fuentes autorizadas...(ráfaga musical)". España al igual que el periodista que leyó este párrafo, Alejo García, se quedaba sin aliento, pasados unos segundos, el locutor conseguirá leer la noticia completa.
La noticia más importante de la "Transición" corre desde ese momento por el país como un reguero de pólvora, la euforia de los militantes es impresionante, la alegría se contagia en el ambiente, miles de banderas rojas con la hoz y el martillo ondean al viento sin ningún tipo de complejo pero eso sí, sin tampoco afán de provocación, el propio Partido Comunista por indicaciones del Gobierno, les había pedido encarecidamente a los militantes moderación en las celebraciones públicas por el miedo a los altercados que pudieran producirse. El orden en las manifestaciones públicas que celebró la militancia fue impecable. En los locales utilizados como sedes clandestinas del PCE, hasta ese día, las celebraciones fueron por todo lo alto. En la sede de la capital de la nación una enorme pancarta con la leyenda "Partido Comunista de España. Esta es la Sede del PCE", cubre las cinco ventanas del mismo.

En Cannes, mientras tanto, Santiago Carrillo hace las maletas a toda prisa para viajar a Madrid, acompañado por Teodulfo Lagunero y las mujeres de ambos. Comenzaba así el inicio de un camino complicado ante esta noticia que hizo sentirse heridos al Ejercito y los sectores más radicales de la derecha española.






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